domingo, 8 de abril de 2018

¡Feliz Día economistas!: La voz de un estudiante rebelde en economía



¡Feliz Día economistas!: La voz de un estudiante rebelde en economía

Por: George Durand
Estudiante de Economía - Universidad Nacional "Hermilio Valdizán"


En el Perú, según la Ley n° 15488, cada 08 de abril conmemoramos el "día del economista". Ésta es celebrada como si fuese un acto de canonización de la ciencia económica. Mostrando mediante artículos que ella nos lleva, indudablemente, al éxito (1) en casi todo su ámbito. Especialmente sus fundamentos teóricos. Creyendo y presumiendo de sus fundamentos teóricos que creen que explica sin ninguna duda la realidad. Al contrario de ella, y por conmemorar "el día del economista", en este artículo, mucho de lo que tengo que decir (casi todo) sobre los economistas les va a resultar ofensivo. Permítaseme decir de entrada que no pretendo ofender personalmente a nadie. Ya que algunos de mis amigos (en su mayoría profesores) son economistas y jamás he dudado, ni por un segundo, de la sinceridad ni de su capacidad académica. Por desgracia, siendo aún estudiante, aprendí que la sinceridad no es una defensa. La 'teoría económica convencional' necesita, aunque dolorosa, ser cuestionada. Reflexionando sobre la situación que ocupa para después ser purgada. 

En una entrevista, hecha por Andreu Buenafuente, en su programa LATE MOTIV, increpa al economista español Juan Torres López, sarcásticamente, su definición de economista como "aquel experto que el día de mañana sabrá por qué las cosas que predijo ayer no sucedieron hoy", a la cual responde, sin titubear, que es cierto. Es curioso que un economista acepte un sarcasmo de sí mismo, ya que muchos endiosan a la profesión. O tal vez será que su sincera aceptabilidad tiene algo de verdad. Esta definición sarcástica surge a raíz de que prestigiosos economistas no vieron venir la crisis de 2008. Sobre esto explicaré con detalle más adelante.

Hoy en día, el economista suele presentar su disciplina como una "ciencia exacta", con leyes y proposiciones incuestionables. Ganándose el respeto académico por utilizar, desorbitadamente, las estadísticas y matemáticas como herramienta de estudio superando, curiosamente, a las demás ciencias sociales. Ya que William Stanley Jevons veía en ella 'una especie de matemática que calcula las causas y los efectos de la actividad humana'. Y tan convencidos estaban que Paul Samuelson (economista convencional por excelencia) llegó a calificar, pretenciosamente, a la economía como la "reina de las ciencias sociales" (2). ¡Presuncioso! ¿No creen?

Por el contrario, no debemos considerar a la economía como una ciencia fría y exacta cuyas proposiciones apenas admiten discusiones (3), y menos como una supuesta "reina" ante las demás ciencias sociales. Hay razones suficientes para demostrar que la economía no es una ciencia aislada, fría y exacta sino que, como es evidente, necesita complementarse de las demás.

En estos últimos años se ha podido observar que algunos economistas, como Shiller, Thaler y Akerlof, todos premio Nobel de Economía, utilizan las teorías descubiertos por los psicólogos Kahneman (Premio Nobel de Economía de 2002) y Tversky para explicar comportamientos económicos que suscitan dentro de las finanzas, microeconomía y macroeconomía. Pero las creencias y las acciones de los economistas ´convencionales´ parece importarles poco estos descubrimientos.

En primer lugar, enfoquémonos en la situación que tiene la teoría microeconómica. Dentro de la microeconomía existe un tema importantísimo llamada "elección racional" o "acción racional". En esencia, nos dice que el consumidor es un agente económico que actúa racionalmente, es decir, que siempre maximiza su bienestar o utilidad incurriendo a menores costos posibles. De ahí que se construye la función de utilidad y la restricción presupuestaria para luego calcular el punto óptimo de elección, bajo una operacionalidad de cálculo infinitesimal (derivadas); llegando así a creer que el consumidor es racional por excelencia. Ya que asume "costo-beneficio" para sus decisiones, y si no lo hiciera caería en la irracionalidad económica, cosa inaceptable para los economistas convencionales. Hoy, en cambio, para los psicólogos Kahneman y Tversky esta cuestión les pareció que estaba cargada de ciertas 'inconsistencias internas'. Se preguntaron si es que los consumidores son meramente racionales o no. ¿Qué creen que pasó? Sorpresivamente sus investigaciones concluyeron que la elección racional es un impasse ilógico. Pues mediante experimentos sociales lograron identificar que en las decisiones del consumidor existen "sesgos cognitivos" y "heurísticas" (atajos de la mente) que producen una irracionalidad, más no la racionalidad, económica y psicológica. Desmitificando -críticamente- la "elección racional". Estos fundamentos psicológicos-económicos es llamada economía conductual. 
Por otro lado, tenemos a los economistas institucionalistas que enfatizan en el "proceso evolutivo" y las relaciones de la "diversidad institucional" (construcciones legítimas de la sociedad: cultura, educación, normas, técnicas de ventas, publicidad, etc.) que afectan el comportamiento económico. Según Galbraith y Veblen afirman -teóricamente- la existencia de una satisfacción de orden fisiológicos que llega a un punto en la que la utilidad marginal decrece, pero que después de ello se crea un "orden psicológico" de necesidades (que se convierten en deseos) crecientes, que no son satisfechas (4) por más que tengan el producto, la teoría de la utilidad marginal decreciente queda cuestionada. Ergo, Galbraith concluye que la producción moderna no se basan en la escasez de bienes y servicios que necesitan los consumidores para satisfacer sus necesidades (un momento ¿eso no es la definición de economía?) sino que se enfocan más en la "creación de necesidades", es decir, que, mediante ciertas estrategias de marketing (conocido actualmente) buscan influir en las decisiones de compra de los consumidores, adquiriendo productos no necesarios de lo que realmente necesitan. Esta situación es la que nos llevó a ser una sociedad "consumista". O dicho de otro modo, somos, en palabras del profesor Jürgen Schuldt, "la civilización del desperdicio" (5).
Ah, como olvidar la famosa controversia en Cambridge que causaron los economistas disidentes Piero Sraffa y Joan Robinson sobre la teoría microeconómica de la "producción". El debate que ellos tuvieron con Paul Samuelson, Robert Solow y Franco Modigliani, ganadores del "Nobel de Economía", fue entorno a la medición del capital, conocida como la "Guerra Santa" por el capital. El economista heterodoxo peruano Dante Urbina resume en su libro "Economía para herejes" la controversia así: 

"A continuación Robinson se pregunta: ¿Deberá valorarse el capital de acuerdo con su capacidad de ganancia en el futuro o con sus costos pasados? Con ello ponía en aprietos a los economistas ortodoxos. Si respondían lo primero caían inevitablemente en una falacia de razonamiento circular ya que para conocer la capacidad de ganancia futura es necesario utilizar sus rendimientos, lo cual requiere conocer la tasa de interés, la cual a su vez determina como precio en el mercado de capitales en el que, tanto para hallar la oferta como la demanda de capital, es necesario conocer desde ya ¡el capital medio y valorado mismo!" (Dante, 2015:52: las cursivas son mías)

Así sucesivamente explica Dante que Robinson deja esa teoría en un callejón sin salida,  es como si le preguntas a alguien "¿Cuál es tu número?" y nos respondiera "Me das una llamada y te lo doy" (6). ¡Sorprendente, verdad! Y aún hay más. Piero Sraffa vapulea en esa controversia a los economistas ortodoxos mostrándoles la falacia de homogeneidad del capital a la hora de derivar la función de producción ya que él reconoce la existencia de una heterogeneidad del capital.  
Estas son unas cuántas, de muchas, anomalías acaecida dentro de la microeconomía.

En segundo lugar, nos enfocamos brevemente en la macroeconómica. Ésta se ha visto envuelta en numerosas críticas respecto a su estudio. Las discusiones se gestan desde la crisis de 2008. En donde casi todos los macroeconomistas de renombre mundial como Robert Lucas (Premio Nobel de Economía de 1995), Ben Bernanke, Gregory Mankiw, Eugene Fama (Premio Nobel de Economía de 2013), etc., se sintieron optimistas sobre la situación económica, llamada por Bernanke “La Gran Moderación”. Creyendo fuertemente que con una gestión económica avanzada (econometría, estadística y finanzas) la economía lograría resolver por sí solas sus problemas. Esto es lo que en economía conocemos como la propiedad de autorregulación. Como señala el economista argentino Pablo Mira: “estos economistas han sostenido que, librada al accionar de los mercados, la economía sencillamente no debería experimentar crisis” (7). Para reforzar la teoría de autorregulación Eugene Fama planteó la famosa hipótesis de los mercados eficientes, de acuerdo con la cual los mercados financieros llegarían, en un contexto de competencia, a un equilibrio en que el precio de mercado de un activo se corresponderá con su valor intrínseco (8). Concluyendo que la economía de libre mercado es eficiente y que no es posible que haya fallos, puesto que su inestabilidad vendría por factores “exógenos”. 
Sin embargo, un par de décadas atrás el economista, empolvado por el olvido, Hyman Minsky advirtió en su artículo “The financial instability hyphotesis” (hipótesis de la inestabilidad financiera) sobre la “endogeneidad” de la crisis capitalista. De acuerdo con esta dice que el sistema capitalista es inestable intrínsecamente y no por fallos externos. Como dicen “el tiempo da la razón”, y el tiempo le dio la razón a Minsky (9). Temas como el dinero endógeno (conocido también como la teoría monetaria de la producción), teoría monetaria moderna, teoría del circuito monetario, etc., no son estudiados en macroeconomía.

Así sucesivamente podríamos enumerar temas olvidados y críticas fuertes que hay hacia la economía… Por mencionar, el estudiante escéptico que desea estudiar algunas críticas a la economía puede revisar los papper´s del economista heterodoxo más reconocido a nivel mundial "Steve Keen". Lo mejor de sus críticas es que lo hace desde las matemáticas. 

Por todo lo expuesto es evidente que ser “un economista exitoso”, en términos teóricos, da mucho que desear. En cualquier otra profesión con consecuencias pragmáticas teorizar así sería sinónimo de suicidio (principio de autorregulación). Imaginemos a un educador convencido de que la calle es la mejor escuela porque allí no interviene el Estado y sus arbitrariedades. O un médico recetando nada porque cree que las enfermedades, finalmente, se curan solas. Esto resulta ilógico. Pues si un médico aplica esa teoría puede terminar matando a su paciente, en consecuencia, va pagar por ello; si un economista aplica con devoción la teoría de la autorregulación puede terminar matando a miles de personas (miseria y hambruna), curiosamente, mientras el médico va preso por negligencia, el economista que mejor aplique la teoría convencional puede ser contratado y ocupar un buen puesto en FMI, el Banco Mundial, asesor en economías “desarrolladas” o alguna multinacional. Puesto que la teoría económica convencional cuenta con sus intereses. 

Finalmente, retomo las palabras de Joan Robinson que decía que el sentido de estudiar economía es para“aprender a no dejarse engañar por los economistas”. Y que el estudiante consciente debe aprender a abrigar la esperanza de aprender algo más realista (teorías pluralistas que hay en economía) que le permita tomar una decisión respecto a los problemas que se plantean en todos los "países en vías de desarrollo" (10). Razón por la cual es dudoso pensar que vamos a "trascender" como economistas resolviendo problemas cuando la misma teoría económica tiene serios problemas. Así que en este "día del economista", colegas, hay que reflexionar sobre el rol y la enseñanza de nuestra profesión como científicos sociales. Es hora de levantar la voz de protesta en busca de una economía más pluralista, que muestre humildad y respeto ante las demás ciencias sociales.

¡Feliz Día a todos los escépticos en economía!

Referencias  

(1) Espinoza, V. H. (07 de 04 de 2018). ¡Feliz Día economistas! Diario Ahora, pág. 04.

(2) López, J. T. (2016). Economía para no dejarse engañar por los economistas. Barcelona: Deusto.

(3) Samuelson, P. (1978). Curso de economía moderna. Madrid: Aguilar.

(4) Galbraith, J. K. (2012). La sociedad opulenta. Barcelona: Editorial Planeta S.A.

(5) Schuldt, J. (2013). La civilización del desperdicio: psicoeconomía del consumidor. Lima: Universidad del Pacífico.

(6) Urbina, D. (2015). Economía para herejes: desnudando los mitos de la economía ortodoxa. Charleston - Estados Unidos: CreateSpace.

(7) Mira, P. J. (2016). Economía al diván: desempleo, inflación y crisis bajo la mirada de la psicología. Buenos Aires: Miño y Dávila S.R.L.

(8) Urbina, D. (06 de marzo de 2018). "ECONOMISTAS HETERODOXOS": Hyman Minsky. (G. Durand, Entrevistador).

(9) Keen, S. (2011). La economía desenmascarada. Madrid: Capitán Swing.

(10) Robinson, J. (1975). Teoría económica y economía política. Barcelona: Ediciones Martínez Roca S.A.

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